Palestina libre: cuando la indiferencia también es tomar una postura
- Daniela Sanchez Lara
- 16 ago
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Hablar de Palestina hoy significa hablar de un pueblo que durante décadas ha vivido entre ocupación, desplazamiento y violencia. También significa enfrentarnos a una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto podemos observar el sufrimiento de miles de personas y seguir llamando neutralidad a nuestro silencio?
Esta editorial tiene una postura clara: es pro-Palestina. No porque considere que la vida de un pueblo vale más que la de otro, sino precisamente porque ninguna debería valer menos. Defender una Palestina libre significa reconocer el derecho del pueblo palestino a vivir con dignidad, seguridad, libertad y autodeterminación. Significa exigir que las vidas palestinas también sean consideradas vidas que merecen ser protegidas.
La situación humanitaria hace difícil mirar hacia otro lado. La Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios informó el 14 de agosto de 2026 que la mayoría de las personas en Gaza continúa desplazada internamente, viviendo en condiciones difíciles y expuesta a ataques militares. A esto se suman problemas para acceder al agua, afectaciones a los servicios de salud y una generación de jóvenes cuyo futuro ha quedado marcado por la destrucción de viviendas, escuelas y universidades.
Pero Palestina no comienza ni termina en Gaza. En Cisjordania también persisten restricciones de movimiento, demoliciones, desplazamientos y violencia de colonos. Organizaciones defensoras de derechos humanos llevan años denunciando violaciones contra la población palestina y reclamando responsabilidad internacional. Por eso resulta insuficiente reducir todo lo ocurrido a una confrontación iniciada el 7 de octubre de 2023. Hacerlo borra décadas de ocupación y un contexto histórico indispensable para comprender por qué hoy millones de personas alrededor del mundo gritan: Palestina libre.
Defender esta causa tampoco significa justificar los ataques de Hamás contra civiles israelíes. Condenar esos actos y exigir los derechos del pueblo palestino no son posiciones incompatibles. De la misma manera, criticar las decisiones del gobierno israelí no debe convertirse en antisemitismo. La responsabilidad de un gobierno no puede trasladarse a todo un pueblo, una religión o una identidad.
Entonces, ¿qué significa realmente decir “Palestina libre”? Para mí, significa negarse a normalizar que una familia tenga que abandonar su hogar, que un niño crezca rodeado de destrucción o que el acceso al agua, la comida, la educación y la atención médica dependa del lugar donde nació.
El silencio también comunica. Y frente a una injusticia, fingir que todas las posiciones tienen el mismo peso puede convertirse en una forma de indiferencia.
Palestina libre no debería ser un llamado contra otro pueblo. Debe ser una exigencia de libertad, justicia y dignidad para uno que lleva demasiado tiempo reclamándolas. Defender a Palestina es, antes que nada, defender el derecho de su gente a existir y a tener un futuro.
-Daniela Paola Sánchez Lara


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